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El grupo poblacional de tercera edad está creciendo
debido a la mayor esperanza de vida en las sociedades
occidentales del siglo XXI. Para conseguir una mayor
calidad de vida durante estos años, sobretodo, ante el
sedentarismo extendido de la población desde los
primeros años de vida, se recomienda la incorporación de
un programa de activación física. Dentro de este
programa debe existir un apartado dedicado a los
ejercicios contra resistencias que debe estar adecuado.
PALABRAS CLAVE: tercera edad, entrenamiento, fuerza
muscular, involución
Bajo la perspectiva de la tercera edad, una población
creciente en las sociedades occidentales del siglo XXI ,
debemos atender a todos los componentes que según la
Organización Mundial de la Salud (1948) declararon para
conseguir un estado de SALUD. El bienestar físico,
mental y social.
Cuando hablamos de condición física para la salud, o
bienestar nos estamos refiriendo ha conseguir un estado
físico armónico y equilibrado donde las tres capacidad
físicas son trabajadas, fuerza, resistencia y
flexibilidad (recordemos que a la hora de la salud no se
incluye la velocidad). Tradicionalmente se ha orientad
mucho los programas para la tercera edad hacia el
desarrollo de la capacidad cardiovascular. Sin embargo,
poco a poco, gracias a estudios recientes, el trabajo de
fortalecimiento muscular está cobrando fuerza debido a
los efectos beneficiosos que se están describiendo.
Como necesidad fisiológica deberíamos atender a los procesos involutivos que sufre la musculatura con el paso del tiempo. A esta pérdida morfo-funcional, pérdida de masa y de poder contráctil del músculo se le denomina sarcopenia. Por lo que uno de los objetivos clave en el programa de entrenamiento para tercera edad debería estar centrado en preservar e incluso aumentar la masa muscular.
De forma sinérgica a la pérdida funcional muscular, aparece asociada una pérdida del tejido óseo, conocido como osteoporosis, caracterizado por la pérdida de densidad mineral ósea, lo que confiere una mayor fragilidad osea y con ella mayor posibilidad de fractura ósea. Recordemos que los huesos como estructura viva se remodela. Esta remodelación viene determinada por las cargas que sufre, cargas que provienen del músculo. Esta capacidad de adaptación ósea a las demanadas funcionales fue reportada por Wolff (1892) siendo posteriormente con Frost (1990) quien añadiría que la modulación ósea estaba condicionada por las diferentes direcciones de carga por el impacto morfológico.
Otro cambio involutivo, que necesitará del entrenamiento contra resistencias, será la inestabildiad articular. Con la pérdida de estabilidad, se pierde la capacidad de control del núcleo de movimiento y con ello, mayor riesgo de lesión y peor capacidad de adoptar posturas correctas. Como ejemplo específico de los problemas asociados a la inestabilidad articular destacamos los procesos degenerativos y problemas asociados que conlleva la inestabilidad espinal de la columna lumbar. Debido a la gran incidencia de este fenómeno, investigadores como McGuill, Norris, Panjabi, Arokoski, Cholewicki entre otros han encontrados beneficios cuando se mejoraba la musculatura estabilizadora de la columna lumbar.
Por otro lado, queremos remarcar que el cartílago articular debido a que no está vascularizado, y por ello, se nutre (su nutrición es necesaria, sin ésta el tejido morirá) cuando está bañado por el líquido sinovial, proceso que se da cuando existe compresión y descompresión durante el movimiento. Si a este procesos asociamos una pérdida de elasticidad y flexibilidad, tendremos la necesidad de movilizar lasarticulaciones an su total rango de movimiento (ROM) para mejorar esta situación.(González Gallego, 1992;Wilmore y Costill, 1998, Guyton y Hall, 1999; McArdle y col., 2004)
El Colegio Americano de Medicina del Deporte (1991) recomienda que los objetivos de un programa de ejercicio para poblaciones de ancianos deberían ser mantener la capacidad funcional para una vida independiente, reducir los factores de riesgo de enfermedades cardíacas, retardar el avance de enfermedades crónicas, promover el bienestar psicológico y proveer oportunidades para la interacción social.
Consideramos muy acertado el concepto propuesto por el excelente investigador el doctor Alfonso Jiménez (2003, 2005) aptitud músculo-esquelética para determinar el ejercicio orientado a la mejora o detención de deterioro de la musculatura esquelética.
La primera consideración a tener presente en la práctica
física orientada a la salud se centra en plantear
programas de entrenamiento moderados (Rodriguez, 1995;
Devís y col., 2000) los cuales frenarán el deterioro
(Jiménez, 2003)
La segunda consideración genérica que pretendemos
resaltar es una noción que ya fue descrita en 1904 por
Sandow, quien es considerado el pionero del
entrenamiento de fuerza orientado a la salud:
“entrénese hasta que los músculos le duelan ligeramente,
pero no llegue nunca al punto en el que se sientan
totalmente agotado o destrozado” (en Zimmermann, 2004)
Tal y como propone Zimmermann (2004)se deben plantear
“entrenamiento constructivos” , es decir, donde se
incrementan las exigencias de forma paulatina y
ascendentemente en un determinado periodo de tiempo.
Bajo esta consideración este autor propone una
interesante planificación a la hora de abordar un
programa de fuerza para sujetos de tercera edad,
dividido en tres etapas, la fase de aclimatación, la
fase de formación, la fase de fortalecimiento.
Por nuestro lado, recomendamos encarecidamente la utilización del entrenamiento funcional para este grupo poblacional, puesto que les reeducará a no adoptar posturas contraindicadas durante la vida cotidiana y les favorecerá la realización de acciones comunes que estaban comprometidas antes de comenzar el programa de entrenamiento contra resistencias. Bajo este prisma se sugiere adaptar los ejercicios a las necesidades funcionales que presente.
Articulo Realizado por Ivan Chulvi y Raquel Pomar